Los ‘False Friends’ de los símbolos. Entrega I: La esvástica

Los símbolos o la iconografía es uno de los aspectos que caracterizan y distinguen al ser humano. Con nuestras maravillosas dotes de abstracción, un simple dibujo, una combinación de colores, unas formas o un objeto pueden representar unos valores, unas ideas y, de esta manera, evocar sentimientos muy complejos y profundos. En la sociedad moderna de las prisas y de la inmediatez que nos toca vivir, el área del mundo simbólico se encuentra bastante restringida si la comparamos con tiempos pretéritos en los que, por ejemplo, en la Edad Media, los arquitectos y escultores de la iglesias dotaban a los edificios y obras de una inmensa carga simbólica; ya fuese en las esculturas, en los ornamentos o en las mismas puertas, ventanas o en la propia forma, orientación y planta del templo. Una gran parte de todo aquello se ha perdido. Sin embargo, los símbolos continúan muy presentes en nuestra vida, como no podía ser de otra manera. No sé si es un título afortunado o no; lo cierto pero existen diversos símbolos muy difundidos y conocidos por todos que pueden provocar confusión, ya que, aunque puedan asociarse a episodios oscuros del pasado, lo cierto es que son más antiguos de lo que parecen y deberíamos ponerlos en contexto, porque fueron creados con una intención y significado completamente distinto. Vayamos al grano, porque se va a comprender perfectamente.

La esvástica

Esvástica en mosaico romano. Al lado la palabra latina Felix, felíz o afortunado.

La esvástica es un símbolo que consiste en una cruz, cuyos brazos están doblados en ángulo recto. Estos brazos pueden estar orientados hacia la izquierda o hacia la derecha. Creo que merece la pena comenzar por este símbolo, por lo sorprendente de su difusión, ya que se encuentra presente en una multitud de culturas a lo largo de todos los continentes del planeta. Un servidor podría ponerse en plan Iker Jiménez y, con ese tono apasionado y misterioso que le caracteriza, explanar con entusiasmo cuál podría ser el motivo por el que este distintivo ha sido adoptado por tantas y tan diferentes civilizaciones.

Lauburu, nombre que recibe en el norte de España, donde es bastante común y presente desde tiempos anteriores a la llegada de los romanos

Los antropólogos han expuesto diversas teorías, por ejemplo, que la esvástica es un recurso artístico básico, presente en la cestería o en los adornos de la cerámica. Otros han dicho que tiene un origen astronómico, argumentando la semejanza de la la esvástica con ciertas galaxias, con formaciones de estrellas o con el sol.

Esvástica en templo budista en Japón

Y es que este recurso puede encontrarse en culturas precolombinas, en ciertas tradiciones paganas europeas, donde se utilizaba para representar, tanto las puertas del nacimiento como de la muerte. También es habitual asociarlo al budismo e incluso hay algunas en iglesias, posiblemente con intención de disimular la forma de la cruz en tiempos de las persecuciones. Pero centrémonos en la esvástica de cuya presencia tenemos el testimonio más antiguo, nada menos que en el V milenio a.C. antes de los persas, en la actual Irán. La palabra esvástica proviene del sánscrito suastíka (स्वस्तिक). El sentido literal es ‘auspicioso’, pero tiene un montón de significados similares, la mayoría relacionados con la buena suerte, la salud y, muy relacionado, con una forma de saludo.

Escultura de Buda con esvástica

En las religiones budista e hinduista, este símbolo se asocia con la buena fortuna. El escritor y autor de El libro de la selva Rudyard Kipling, muy influenciado por la cultura de la India, solía añadir una esvástica en la cubierta de sus libros, cosa que dejó de hacer a raíz del ascenso del nazismo, que es la asociación que casi todo el mundo tiene, sobre todo en occidente. Y aquí llegamos a los nazis y la esvástica. ¿Porqué? Pues porque los teóricos del Partido Nacionalsocialista Alemán defendían que los alemanes puros provenían de una supuesta raza aria, cuyo origen se encuentra en la India. De hecho, numerosas asociaciones culturales alemanas ultraderechistas de la época ya llevaban tiempo haciendo uso de la mencionada iconografía. Así fue como adoptaron la esvástica como símbolo de la supremacía blanca. Esto sucedió alrededor del año 1920, cuando la agrupación política nazi era marginal. Fue también sólo un año antes del famoso ‘Putsch’ de Munich, el golpe de estado fallido de Adolf Hitler y que le llevaría a la cárcel, donde escribiría la ‘infumable’ obra ‘Mi lucha’. En dicho libro, Hitler contaba: «Yo mismo, entre tanto, después de innumerables intentos, establecí la forma final; una bandera con fondo rojo, un disco blanco y una esvástica negra en el centro. Después de prolongadas pruebas, también hallé la proporción definitiva entre el tamaño de la bandera y el tamaño del disco blanco, así como la forma y el grosor de la esvástica«.

Discurso de Hitler. Al fondo dos esvásticas, símbolo del partido nazi

Así que la próxima vez que veas una esvástica, quizás deberías olvidar la inmediata y triste asociación con los nazis. Puede ser una bienvenida o una señal de buenos augurios.

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