La 1ª Guerra Mundial acabó hace 9 años

O al menos eso podría afirmarse si nos atenemos al momento en el que Alemania pagó la última cantidad pendiente de la indemnización a los vencedores de la guerra. El año pasado se cumplieron 100 años del final del conflicto armado y en este 2019 se rememora que hace un siglo se acordaron las condiciones firmadas en el Tratado de Versalles.
Hablamos de guerras mundiales y sí, lo fueron, porque hubo países de otros continentes que se sumaron al combate. Pero no nos engañemos, porque en Europa nos hemos estado matando en guerras recurrentes a lo largo de los siglos. No es la primera vez que un servidor lo comenta y vuelvo a insistir en ello: Todo lo que sucede en la Historia es consecuencia de algo y, por tanto, tiene sus antecedentes. Juzgar o analizar un suceso, como una guerra, haciendo una instantánea, sin mirar atrás, es un ejercicio torpe y parcial, que nada contribuye para comprender y obtener una visión correcta de los hechos. Esto viene a propósito de la Primera Guerra Mundial y de la firma del tratado que puso a su fin.

El Tratado de Versalles

Proclamación del káiser Guillermo I de Alemania en el Salón de los espejos del Palacio de Versalles. Aquello fue considerado una humillación para los franceses

El lugar para ‘hacerse la foto’ fue un ejercicio de puro recochineo, nada casual, ahora veremos por qué. Se pretendía escenificar el deseo francés de devolverle a los alemanes la humillación recibida por la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. En aquella contienda, los franceses acabaron derrotados y Alemania unificada, en gran medida gracias a las políticas llevadas a cabo por el célebre Otto von Bismarck. Guillermo I fue coronado Káiser de Alemania, en el Salón de los Espejos de Versalles. Había empezado el Segundo Reich (un loco austríaco declaró años después el tercero, según él para durar mil años). La aparición en escena de la nueva y potente nación rompía todo el delicado equilibrio europeo. Esa tensión acabaría saltando por los aires en 1914 con el comienzo de la Gran Guerra, después conocida como Primera Guerra Mundial.
El desenlace es conocido: Alemania y las potencias centrales perdieron la guerra. Se han vertido ríos de tinta con respecto al Tratado de Versalles, en relación a las duras condiciones impuestas a los perdedores. Algunos historiadores no dudan en asociarlo con la Segunda Guerra Mundial. En el controvertido acuerdo se llegaba a afirmar que Alemania y sus aliados tenían que aceptar toda la responsabilidad de la guerra. Vamos, que ellos habían liado todo el estropicio y por tanto tenían que desarmarse, entregar anualmente una gran cantidad de materias primas y ceder algunos territorios muy productivos (Alemania tuvo que entregar a Francia Alsacia, cuya capital Estrasburgo es hoy día sede del Parlamento Europeo). Queda un aspecto de suma importancia, el del pago de una indemnización colosal, cuyo montante ascendía a, agárrense, 132.000 millones de marcos. ¿Cuánto es eso?, el equivalente de la época de más de 30.000 millones de dólares estadounidenses. Para entenderlo definitivamente, corresponden a unos 450.000 millones de dólares de nuestros días. Aquella cifra excedía con creces las reservas del banco alemán.

Después de la paz y del tratado

Un señor empapela una pared con billetes de marcos alemanes. Así de poco valía el dinero en la Alemania de los años 20

Ya dije que ese escenario de una Alemania unificada, económicamente pujante, con un ejército fuerte y con sus aspiraciones coloniales, fue algo que sentó como un tiro a las potencias europeas de la época. La lectura sencilla y de andar por casa es que los ganadores quisieron ventilarse al molesto vecino germano hundiéndolo, de manera que jamás se levantara. No es intención de un servidor hacer opinión, sino expresar y hacer comprender la magnitud y la dureza de lo que se firmó en aquel Salón de los Espejos de Versalles.
Los ‘Felices años 20’ no fueron fáciles para los alemanes. La sensación de la gente fue la de que los generales, la cúpula militar, les habían traicionado, porque, hasta pocos tiempo antes del armisticio, se les pregonaba un rumbo de una guerra, cuya deriva les era favorable hasta el último día. Si a esto le unimos las consabidas cesiones, la pérdida de gran parte del ejercito, la entrega de materias primas y el pago de una indemnización que no podían pagar, todo ello provocó una crisis extraordinaria. El banco de Alemania empezó a imprimir billetes y más billetes, lo que desencadenó uno de los episodios de hiperinflación más importantes de la historia.
El Plan Dawes de 1924 y el Plan Young de 1929 redujeron un poco la deuda a 112.000 millones de marcos. Asimismo se concedieron préstamos a Alemania para hacer frente a sus pagos. Y claro, llegó el crack del 29 y la crisis internacional lo desbarató todo. El presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover, introdujo una moratoria de un año en 1931. Un año después, en la Conferencia de Lausana de 1932 se debatió condonar casi toda la deuda de guerra de Alemania, pero la propuesta no fue aprobada por el Congreso de Estados Unidos.
El descontento, la recesión económica y la consiguiente crisis política y social fue caldo de cultivo para que las proclamas de un lunático ultranacionalista y demagogo fuesen escuchadas por un sector importante de la población. Sólo hacía falta un chivo expiatorio (los judíos) y un mensaje populista por el que Alemania recuperaría su esplendor. Cuando Hitler alcanzó la cancillería Alemania había pagado sólo un octavo de la deuda. No sólo se negó a pagar el resto de la misma, sino que revocó todo lo firmado en Versalles e invadió Alsacia y Lorena.
Alemania volvió a perder, el ‘segundo asalto’, la Segunda Guerra Mundial. El país, arrasado y dividido en cuatro por los aliados, estuvo a punto de convertirse en un paria de Europa, definitivamente aplastado. El transcurso de la Guerra Fría y la necesidad de tener un bastión poderoso junto al Telón de acero hizo que al final se inyectase dinero y llegaran las ayudas para reconstruir la RFA (República Federal Alemana). La RDA (República Democrática Alemana), bajo un sistema comunista, también alcanzó importantes cotas de desarrollo. El resto lo sabemos, Alemania, resurgió de las cenizas y, al final, lo que no consiguió con dos guerras lo logró en el plano económico. Todo el mundo sabe quién es hoy el país que lleva la batuta en la Unión Europea.

Todo esto está muy bien, pero ¿por qué ‘acabó’ la guerra hace nueve años?

En 1953, el Tratado de Londres acordó una reducción significativa de más del 60% de la deuda. Este hecho, junto con las mencionadas ayudas económicas, fueron clave para el despegue de la República Federal Alemana.
El montante neto de la deuda terminó de pagarse en el año 1983. Todavía faltaba por pagar los intereses generados desde que se aprobó el tratado, 64 años antes, en total unos 100 millones de euros.
Finalmente, el día 3 de octubre de 2010, el Bundesbank realizó el pago de 69 millones de euros. La deuda del Tratado de Versalles había quedado saldada. Fue el último episodio de la Primera Guerra Mundial.
Como última nota, no quisiera finalizar sin hacer mención al hecho de que varios pensadores, economistas y políticos criticaron la severa actitud de Alemania hacia Grecia. Los alemanes exigieron el pago íntegro de la deuda helena, tras el desastre de la crisis griega de deuda de 2010-2013. El entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King Allister, dijo <<Es particularmente desafortunado que Alemania parezca haber olvidado su propia historia>>. La historia da lecciones. Cuidado con las humillaciones y con los ‘salva-patrias’ que acuden al rescate.

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