Turkmenistán y los caprichos de sus dictadores

La figura del dictador está íntimamente ligada a conceptos tales como el despotismo, el abuso y a la falta de libertad de los habitantes bajo el paraguas de este tipo de gobernantes. En su inicio, en la Roma republicana, un dictador consistía en una figura plenamente aceptada. Bajo circunstancias excepcionales, un hombre asumía todo el poder y cuando la situación regresaba a la normalidad, éste abandonaba el puesto sin más, de nuevo bajo el liderazgo de dos cónsules. Fue con el paso del tiempo que el dictador fue adquiriendo la presente connotación negativa.
Dictadores en la historia ha habido muchos, muchísimos, de todos los tipos. Unos, quizás los menos, han sido más benévolos o menos malvados, según como quiera verse. Otros han ejercido el terror para implantar el terror y aniquilar cualquier atisbo de oposición. No pocos dictadores han cultivado el culto a la personalidad, en ocasiones hasta lo grotesco, considerándose a si mismos divinidades. Otros han intentado disfrazar su régimen en forma de democracias o de sistemas más o menos abiertos, con parlamentos u organismos títere. Y así podríamos pasar largo rato, enumerando un lista de atributos presentes en estos individuos. Quedémonos en todo caso con dos aspectos comunes y concurrentes en todos ellos, la acumulación de poder y la falta de libertad.
En esta ocasión, y para inaugurar esta serie de dictadores, vamos a descubrir dos dictadores de un país remoto, prácticamente desconocido, pero de una gran importancia geoestratégica. Me refiero a Turkmenistán. Puede competir en igualdad de condiciones, en lo que a aislamiento del exterior se refiere, contra Corea del Norte. Este país existe, aunque su historia reciente y la de sus gobernantes pudieran ser el argumento de una novela.

EN CIFRAS
Turkmenistán
Capital: Asjabad
Población: 5.662.544 habitantes
Superficie: 488.100 km/2
PIB: 112.659 millones de dólares
Moneda: Manat turcomano
Jefe de estado: Gurbangulí Berdimujamédov
Fecha de independencia: 27 de octubre de 1.991

Es la república de Asia Central más meridional. Comparte fronteras con Kazajistán, al norte y noreste con Uzbekistán, al suroeste con Irán y al sureste con Afganistán. Todos estos datos geográficos están muy bien para ubicarnos, pero aquí es donde creo que comienza lo realmente interesante para el lector. La mayoría del suelo de Turkmenistán, un 70%, es árido y yermo; está cubierto por el Desierto de Karakum. Pero el subsuelo es diferente. En sus entrañas atesora una inmensa cantidad de gas natural. Con una superficie un poco más pequeña que España, este país tiene las cuartas reservas de gas de todo el mundo, ahí es nada. Y claro, esto les ha hecho bastante ricos. Su economía ha estado creciendo a un promedio del 11% anual, una barbaridad. Por comparar, ni China ha crecido de esa manera en sus años de mayor bonanza.

El Pozo de Darvaza, también conocido como ‘Puerta del infierno’, en pleno desierto de Karakum. En 1971 los soviéticos buscaban petróleo en la zona. La tierra se tragó todo el equipo de prospección y se abrió un enorme cráter que emanaba gas. Decidieron prenderle fuego, creyendo que el combustible natural se acabaría en varios días. Lleva ya casi medio siglo ardiendo y es una atracción turística extrema.

El país, que se hizo independiente de la extinta URSS en 1991, no lo hizo muy convencido, al menos de mano de su mandatario. Su primer presidente, Saparmyrat Nyýazow, ostentaba el máximo cargo del Partido Comunista de Turkmenistán desde 1985. Nyýazow defendió el golpe de estado contra el, a ojos de muchos, ‘blandito’ Gorbachov. El golpe quería revertir el rumbo de la Perestroika y aplicar la mano dura, soñando con volver a los gloriosos años pasados de la URSS. Pero el golpe fracasó, así que Nyýazow debió de pensar -Mira, para este plan me declaro independiente y me lo monto por mi cuenta, antes de que todo el tinglado se caiga del todo- . En realidad, otro rosario de repúblicas soviéticas hicieron lo mismo, y bueno, el resto ya lo saben; pocos meses después la URSS dejó de existir.

Un país nuevo de la mano de un nuevo dictador

Poco a poco el lector verá cómo comienzan a aflorar los comportamientos autoritarios y cada vez más extravagantes del mandatario turcomano. Aunque el sistema de gobierno contemplaba la existencia de múltiples partidos políticos, Nyýazow fue el único candidato que pudo presentarse a las primeras elecciones. Una de las primeras cosas que hizo fue disolver e ilegalizar el Partido Comunista de Turkmenistán, imagino que para tratar de eliminar cualquier posibilidad de que otra persona pudiera hacerle sombra. En 1992 se celebró un referéndum por el que Nyýazow fue proclamado único candidato a la presidencia. Un año después se declaró Türkmenbaşy, que significa ‘Líder de todos los Turcomanos’.
Dos años después se celebró otro referéndum para, modificando la constitución, prolongar su mandato de 8 años. El sí ganó por una abrumadora y ‘sorprendente’ mayoría del 99,9% de los votos. Para año 1999, el líder de todos los turcomanos se había dedicado a arrestar a todos los cabecillas de la oposición. Entonces, al más puro y clásico ‘estilo Julio César’, el parlamento le nombró presidente vitalicio.

El culto a la personalidad y las excentricidades de Nyýazow

Los desvaríos del líder de todos los turcomanos no habían hecho más que empezar, pues se comenzaba a a manifestar el culto a su personalidad. Se comenzaron a renombrar ciudades, pueblos, calles y aeropuertos con su nombre. Las plazas de las ciudades del país se poblaron de estatuas, algunas cubiertas de oro, con la efigie del presidente. En calles, mercados, edificios y un sinfín de lugares se colgaban carteles con el rostro presidencial. Cómo no en todos los billetes y monedas. También en el logotipo de la televisión turcomana, siempre presente. Hasta en las cajas de té y en las botellas de bebidas alcohólicas se encontraba la cara bien lustrosa y rellena del presidente. Vamos, que tenían literalmente al presidente hasta en la sopa, muy al estilo del Gran Hermano de la novela 1984 de Orwell.

Saparmyrat Nyýazow, el primer presidente de la Tukmenistán independiente

Otro comportamiento muy típico de muchos dictadores es el de escribir un libro o guía, y Nyýazow no iba a ser menos. En 2001 se publicó Ruhnama, ‘El libro del alma’, una guía espiritual, con tintes épicos, supuestamente autobiográficos, morales y políticos, cuya lectura poco a poco fue estableciéndose como obligatoria para acceder a universidades, puestos de la administración. También era de obligada lectura, como no, en las clases de los colegios. A los funcionarios del país se les examinaba cada año sobre el libro para poder continuar desempeñando su trabajo. Incluso se exigió a los imanes de las mezquitas que éstos recitaran párrafos del libro en sus oraciones, pues Nyýazow afirmaba que su libro era tan importante como el Corán. Pero algunos imanes se negaron a hacerlo por considerarlo blasfemia. La respuesta del presidente fue demoler las mezquitas de los imanes díscolos. En una plaza de la capital, Asjabad, un monumento del libro a gran escala con un mecanismo mecánico, se abre a las ocho de la tarde para reproducir fragmentos de la obra.
En medio de un régimen extremadamente arbitrario y corrupto, las extrentricidades del presidente no cesaban. El mes de septiembre se cambió de nombre por Ruhnama, como el mencionado librito. El mes de abril, que suele ser el de mejor clima en Turkmenistán, pasó a llamarse Gurbansoltan en honor a su madre, Gurbansoltan.

Estatua dorada de Nyýazow portando su libro Ruhnama

En medio de un régimen extremadamente arbitrario y corrupto, las extrentricidades del presidente no cesaban. El mes de septiembre se cambió de nombre por Ruhnama, como el mencionado librito. El mes de abril, que suele ser el de mejor clima en Turkmenistán, pasó a llamarse Gurbansoltan en honor a su madre. En 1997 tuvo que someterse a una operación de corazón que le obligó a dejar de fumar. Pues ni corto ni perezoso Nyýazow prohibió fumar en todos los lugares públicos del país. Y los decretos extraños no acabaron ahí. Prohibió la ópera y el ballet por considerarlos contrarios a la tradición y espíritu turcomanos. Desde 2004 prohibió que los hombres se dejasen crecer la barba o el pelo largo. Los presentadores de los cuatro canales estatales de televisión tenían terminantemente prohibido maquillarse. Peor es que eliminó el derecho a pensión de más de cien mil jubilados turcomanos, lo que dejó en una situación muy precaria a un colectivo ya de por si bastante vulnerable. Sus decretos absurdos en lo que a sanidad se refiere tampoco tienen desperdicio: los médicos, en vez del juramento hipocrático, tenían que jurar lealtad al presidente. Los dentistas tenían prohibido implantar dientes de oro. Asimismo, dictaminó el cierre de todos los hospitales fuera de Asjabad, ya que consideraba que todos los ciudadanos debían recibir tratamiento médico en la capital. Esta última decisión fue fruto de los consejos de su ministro de salud, un personaje que conoceremos mejor muy pronto.
Todo este rosario de despropósitos sobrarían para arruinar a cualquier país y a dos y tres a la vez, pero la verdad es que las tremendas reservas de hidrocarburos hacían que, en general, las cifras macroeconómicas del país no fuesen malas. De hecho, Nyýazow decretó luz, gas y agua gratis para todos los ciudadanos de Turkmenistán, y dicha medida continúa vigente a fecha de hoy. El dinero del gas hace posible el milagroso y bendecido estado turcomano.
Sin embargo, todo este panorama es rebatido por la oposición fuera del país. Se habla de una camarilla cercana al presidente extremadamente rica y una amplia mayoría de la población sumida en dificultades para el día a día. Estiman asimismo que el paro alcanza el 60% de la población.

Saparmyrat Nyýazow ha muerto, viva Gurbangulí Berdimujamédov

En diciembre de 2006, los turcomanos se enteraron por la televisión estatal de la muerte repentina de Nyýazow, en principio de un ataque al corazón. El vicepresidente Gurbangulí Berdimujamédov le sustituyó en el cargo y ostenta la presidencia del país hasta nuestros días. Algunas medidas, como los nombres de los meses del año, la censura en Internet, o la prohibición de la ópera y el ballet, fueron revertidas por el nuevo presidente. No obstante, si el lector creía que el nuevo presidente abriría la mano en lo que a libertades se refiere, está muy equivocado.
Berdimujamédov (me resulta imposible decirlo a la primera) se graduó y ejerció como dentista en la entonces República Socialista Soviética de Turkmenistán. Su ascenso político se produjo durante el mandato de su predecesor. Durante los años 90 fue nombrado Ministro de Salud para después alcanzar la vicepresidencia.

El actual presidente Berdimujamédov, a lomos de un caballo

Una vez presidente, lo que pareció una tímida apertura e instauración de un régimen más sensato, quedó pronto en agua de borrajas. El Partido Democrático de Tukmenistán, antaño el único permitido, sigue siendo predominante. En teoría Turkmenistán posee un régimen multipartidista, pero algunos aspectos chirrían demasiado. Por ejemplo, algunos candidatos piden sin tapujos el voto para el presidente (¿?) y las cifras de votos para el ahora candidato independiente Berdimujamédov continúan siendo sospechosamente elevadas. En 2017 ganó las elecciones con más de un 97% de votos. Por su parte, la oposición en el exilio denuncia continuas vulneraciones de los derechos humanos.
Y aunque no con tanta profusión como su antecesor, las estatuas doradas de Berdimujamédov montado a caballo existen. Los retratos del anterior presidente y del actual están por todas partes, hasta el punto de sentirse constantemente observado.
El régimen, corrupto hasta la médula y controlado por el presidente, su familia y entorno próximo, administra este país inmensamente rico en gas. Esto es lo que le otorga la continuidad. La población, en principio tiene sus necesidades básicas cubiertas por el estado.
Asjabad, la capital, es una extraña ciudad, limpia en extremo, con muy poco tráfico, extensas y amplias avenidas. Un sistema de monoraíles de color blanco recorre las calles frente a los también blancos edificios de viviendas. Y no son blancos por pintura, no, son blancos porque están revestidos de mármol. Asjabad parece un parque temático, a modo del capricho de unos dictadores que parecen niños malcriados. Los edificios públicos, construidos en su mayoría por empresas francesas y turcas, son claro ejemplo de ello. El Ministerio de Exteriores tiene forma de globo terráqueo, el de Prensa tiene forma de libro abierto. La Facultad de Odontología tiene forma de diente gigante, quizás sugerencia del actual presidente, ya que fue dentista. Sea como sea, la intención es clara: sorprender al visitante. La capital turcomana ostenta el Record Guinness de más fachadas cubiertas de mármol por superficie. Como se dijo anteriormente, el país es en su mayoría desértico, pero eso no es problema en Asjabad, pues también posee el sistema de fuentes de agua más grande del mundo.

Vista de la ciudad de Asjabad, repleta de edificios cubiertos de mármol.
Este tipo estuvo en la capital Asjabad y da fe de lo singular de esta ciudad

Las peculiaridades del presidente Berdimujamédov

Del presidente Berdimujamédov puede decirse que es todo un showman. El difunto presidente venezolano, quién tenía su propio programa de televisión, se queda en comparación bastante corto. Los caballos, con su correspondiente y apreciada raza turcomana, forma parte de una arraigada y muy popular tradición en Turkmenistán. El presidente Berdimujamédov, constante divulgador de la cultura turcomana (tanto él como su predecesor renegaron de todo el pasado comunista), no es ajeno a ello y aparece a menudo en público como un excelente jinete. La imagen propagandística es la de un presidente habilidoso y fuerte, el ‘protector de los turcomanos’.
En la televisión estatal no es raro que aparezca el presidente haciendo gala de otras habilidades, tales como el manejo de fusiles de asalto o el lanzamiento de cuchillos, todo ello ataviado con ropas militares o de caza. También es un apasionado deportista y aparece, con exagerado porte atlético, jugando al golf, aunque también le gusta el fútbol o el tenis de mesa o los coches de rallies.
Y sí, hay más. El presidente Berdimujamédov ama la música y aparece también a menudo en la televisión componiendo canciones. Incluso se atreve con la producción musical. La verdad es que, visto lo visto, este hombre es el sueño de toda suegra.

Fragmento de la televisión estatal (y única) turcomana. No puedo dejar de imaginar al presidente español Pedro Sánchez en idéntica tesitura Digno de ver es también el minuto 6:50, demostrando sus dotes en la bolera presidencial, o el 4:50, disparando con el fusil. Bah, de verdad, es que es una lástima que no comprenda nada de turcomano, aunque a pesar de ello, el vídeo, de principio a fin, no tiene desperdicio.

A quién le haya parecido poco esta entrada del blog y quiera saber más de este país y de las otras ex-repúblicas soviéticas de Asia Central, les recomiendo el libro Sovietistán, de Erika Fatland. Es un relato maravilloso y extremadamente entretenido y recomendable. En su viaje, la autora relata lo difícil que es viajar y entrar en el hermético Turkmenistán. Al estilo de Corea del Norte, es muy muy complicado, prácticamente imposible para la prensa extranjera y todo ello bajo un estricto control y la permanente compañía de guías estatales.

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